A Garnacha: parada obligada

El Camino de Santiago es indefinible. Es una de nuestras creencias más firmes: “El Camino no se hace, ¡se vive!”. Para unos será un reto, para otros servirá de desconexión, otros quedarán prendados de los paisajes y, así, podríamos seguir contando los atractivos del camino. Sin embargo, todos se sorprenderán de lo que marca esta experiencia y de lo intensamente que se vive. Es durante las caminatas diarias donde todo el mundo se ve disfrutando, pero la experiencia no se ciñe sólo a los senderos y a nuestros pasos. Es en cada parada y al final de cada etapa, cuando más lazos se crean con nuestros compañeros de viaje, uno de los mayores tesoros de esta aventura. Como no, todo esto se da en lugares mágicos donde la gastronomía gallega se convierte también en un atractivo indispensable que nos acompaña desde el inicio hasta nuestra llegada a Santiago.

Es a mitad de etapa, entre Palas de Rei y Arzúa, donde dirigimos hoy nuestra atención. Y es que en la pulpería A Garnacha es donde más disfrutamos de este y otros manjares de tierras gallegas. Con unas amplísimas instalaciones para poder acoger a todos los peregrinos que transitan por este punto, A Garnacha se ha convertido en un punto de encuentro ineludible a nuestro paso por Melide. No lo decimos nosotros, son los 400 kilos diarios de pulpo que se sirven en sus mesas, los que hablan por sí solos. Su receta más popular es el pulpo “á feira”, la más famosa fuera de estas tierras. Tanto es así que es bajo el nombre de  pulpo “a la gallega” como se le conoce en el resto de España. Además de este manjar, se sirven otros platos exquisitos, típicos gallegos, como el caldo gallego, carne o caldeiro, o la oreja a garnacha entre otros. Para completar la comida, se preparan unos deliciosos postres caseros que podremos rematar con unos chupitos de licor de hierbas que nos ayuden con la digestión.

Nos es sorprendente el éxito del que disfruta A Garnacha si tenemos en cuenta que el propietario pertenece a la tercera generación de una familia de pulpeiros. Su secreto no es más (ni menos) que servir productos de primera calidad, cocinados con el mayor mimo y servidos por un personal encantador. Desde 2005, A Garnacha no ha parado de crecer y es que te hacen sentir como en casa. No hay mejor motivo ni placer para hacer un alto en el camino.

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