Plaza A Quintana y la sombra del peregrino

No es extraño que una ciudad con la extensa historia de Santiago y la multitud de personas que han transitado sus calles, sea fuente inagotable de leyendas, cuentos y mitos. La silueta que diariamente se proyecta sobre una de las fachadas de la catedral, es la propia de un peregrino ataviado con un sombrero de ala ancha, bastón, calabaza y capa. Este fantasma no es más que el resultado de una casualidad que hace que la sombra de un pilar de granito situado en la plaza proyecte su figura cuando cae la noche y el alumbrado se enciende. Sin embargo, no son pocas las interpretaciones que entran en territorio mágico y sobrehumano que van mucho más allá de esta explicación natural y lógica.

No son ni una ni dos, sino que han llegado a nosotros hasta cuatro versiones diferentes sobre el origen de esta visión. La primera de ellas se debe al uso pasado que se le dio a Plaza A Quintana. Esta explanada junto a la catedral, se encuentra dividida en dos niveles, separados por una escalinata que parte su superficie en dos. La que queda en la parte superior recibe el nombre de Quintana de Vivos, mientras que la de abajo se conoce como Quintana de Mortos (de muertos). Y es que en la parte inferior estaba localizado anteriormente el cementerio público, por lo que muchos cuentan que la sombra del peregrino es la manifestación del alma errante de alguno de los que allí descansaban. La segunda explicación tiene que ver con la etapa más oscura de la iglesia católica y las brutales prácticas que se llevaron a cabo en este lugar. En este caso se cuenta que la sombra pertenece al alma de algún infeliz que fue quemado en la hoguera por juicio inquisitorial.

Una versión muy extendida, es la que cuenta que la sombra pertenece al alma de Leonard du Revenant, un peregrino francés del siglo XV. Este hombre fue condenado a viajar a Santiago para purgarse del asesinato de su padre, a quien mató para heredar su fortuna. Fue al interceder en el juicio el duque de Borgoña, quien se dice era su verdadero padre, cuando su pena fue reducida a realizar la peregrinación. Durante el camino, a su paso por Navarra, el francés conoció a una posadera que intentó conquistar. Ella le rechazó y esto le ocasionó una pelea con el novio de la muchacha. Leonard, en venganza, acechó a la joven, forzándola y asesinando a la pareja de enamorados posteriormente. A su llegada a Santiago, se le apareció Leon de Cornu, quien le anunció que su muerte estaba purgada pero no la de los otros dos inocentes, por lo que tendría que esperar a sus almas en la catedral para ser perdonado. De ahí, que cada noche, la sombra de Leonard aparezca impasible a la espera de las almas de los novios a los que asesinó.

Por último, la versión que más escucharán los que transiten por la plaza, será la del sacerdote y la monja. Cuenta la leyenda, que un clérigo de la catedral y una religiosa de un convento al otro lado de la plaza, mantenían un romance secreto. El sacerdote, cansado de tener que esconder su amor, le propuso a su amante, huir de Santiago, fuera de miradas censoras. De modo que la citó una noche en la plaza vestido de peregrino para no llamar la atención. Se dice que la esperó durante horas pero que nunca apareció. La sombra, en este caso, representa al sacerdote disfrazado, que nunca se resignó a perder a su amada y que vuelve todas las noches a esperarla.

En realidad, ésta es sólo una de las numerosas leyendas que esconde Santiago y, éstas, sólo algunas de las versiones que se cuentan sobre la silueta de la Plaza A Quintana. Se dice que la sombra nos acompañará durante todo el camino pero que sólo llegaremos a verla en la fachada de la catedral una vez cae la noche. Y es que esta figura se  ha convertido ya, sin duda, en un icono de la ciudad y en una de sus imágenes más fotografiadas y populares.

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